El caracter menorquin
El caracter menorquin

Tal vez así podamos entender poco a poco el carácter isleño, el carácter menorquín. Una isla reduce el espacio vital de forma increíble, las relaciones personales se reducen a un corto ámbito, perdemos en ocasiones la noción del tiempo. El carácter isleño es muy tranquilo, sin prisas.

Políticamente, Menorca es la isla más progresista, más conservadora, quizá porque no se ha sometido al auge de construcción al que está acostumbrado Mallorca, e incluso Ibiza. Menorca es diferente al resto de islas Baleares. No hay edificios altos (están prohibidos por ley), apenas hay montañas (siempre hace viento), y el espacio verde ocupa la mayor parte de la isla. Su condición de reserva Natural la hace diferente, ecologista, concienciada con los problemas del Medio Ambiente.

Encontraremos mucha artesanía, muchos comercios humildes, artesanos, que son además nacionalmente reconocidos, e incluso internacionalmente, como el calzado.

De norte a sur encontramos también enormes diferencias. Geológicamente, pertenecen a períodos históricos distintos: el Norte, la Tramuntana, de tierras y arenas más claras, mediterráneas, húmedas y más afectada por los fuertes vientos que visitan la isla durante todo el año, sin refugios (excepto Fornells), abrupta, rocosa, con playas de piedra y acantilados; mientras que el Sur, el Migjorn, es más cálido, más resguardado del viento, con aguas tranquilas, con playas de arena.

Hay quien dice que los dos tópicos más frecuentes de Menorca son dos: la piedra y el viento, omnipresentes en la isla. Este último incluso condiciona el carácter de los menorquines del norte, quienes más lo sufren. Es un viento fuerte y persistente que puede causar fuertes migrañas e incluso alteraciones psíquicas o de conducta.

La piedra también está presente en toda la isla, y de todas las formas posibles, siempre trabajada por la mano del hombre, desde cercos o paredes en las casas, pavimentos, cabañas para el ganado, hasta las construcciones megalíticas que caracterizan el paisaje menorquín: los “talaiots”, torres solas o en poblados, monumentos de planta cuadrada o circular, con compartimentos separados empleados quizás para funciones diversas (defensa, habitación, culto, almacén…), mesas (o “taules”), monumentos cuya función es todavía un enigma, grandes piedras en forma de T, las “navetes”, parecidas a un casco de nave invertido y cuya función, al parecer, era funeraria. Por todo ello hay quien dice que Menorca es un museo al aire libre.

De este a oeste, dada su historia, quien vive en Menorca debe escoger vivir entre Ciudadela o Mahón, lo que supone atenerse a grandes diferencias internas:

Mahón, lo moderno, lo más práctico, actual capital de la isla y centro administrativo, de aire colonial gracias a la presencia en la isla de los ingleses, quienes trataron de alejar de Ciudadela a sus nuevos habitantes (lejos del clero y la nobleza de Ciudadela), abierto al mundo gracias a su importante puerto (por el que lucharon todas las generaciones históricas vistas hasta ahora, dado su lugar estratégico para el comercio),

En Mahón encontramos construcciones como la Mola, en la entrada del puerto, que fuera de enorme importancia años atrás, y que hoy en día es aún un espacio estratégico con instalaciones militares; el pueblo de Villacarlos (o George Town, como se llamaba durante la ocupación inglesa), una pequeña urbanización  al pie de las murallas, donde un día se alzó el fuerte militar Sant Felip, que acabó siendo derribado en las constantes luchas entre españoles, franceses e ingleses del siglo XVIII (1785). Hoy conocido como Es Castell, en lengua balear; Encontramos también The Golden Farm (la casa dorada), una finca bien conservada, con paredes rojas, gracias a las cuales nace una de las más tópicas leyendas del puerto de Mahón: la apasionada historia de amor entre el almirante Horace Nelson, héroe de batallas como Abukir o Trafalgar, quien residía en este puerto con su amante Lady Hamilton.

Ciutadella (o Ciudadela), lo tradicional, lo clásico (aristocrático), lo inalterable, una red de estrechas callejuelas de carácter defensivo en la Edad Media (al estilo de Córcega, Malta…) donde todavía se celebran fiestas medievales, como la más conocida en Menorca y que supone una ocupación hotelera del cien por cien en la isla, ya que nadie se la quiere perder: las fiestas de Sant Joan, con el paseo de caballos por es Born; la Catedral.

La rivalidad entre Mahón y Ciutadella es muy antigua, histórica. Son muchas las bromas entre los habitantes de ambas ciudades, algo recíproco, una en cada punta de la isla, la distancia máxima, 40 kilómetros que hacen la distancia, para un menorquín, un abismo.

Aunque quien prefiere mantenerse neutral puede elegir pueblos como Es Mercadal o Alaior, donde la tranquilidad y la naturaleza son parte de su encanto.

Es curiosa la lengua propia de Menorca, un catalán-“menorquizado” con fuertes influencias árabes, inglesas y francesas

Todas estas diferencias se amplían al resto de islas Baleares. De hecho, ya en textos romanos encontramos la diferencia entre las islas Gimnasias (mayores, Menorca y Mallorca) y las Pitiusas (menores, Ibiza y Formentera). Y entre ellas, encontramos diferencias ya nombradas, como su carácter progresista, naturalista, ecologista, con carreteras rudimentarias… de quien defiende una “zona verde”. Es una isla más independiente, que vive de la agricultura, ganadería e industria, e incluso de la pesca, con poca comunicación con las islas Ibiza y Formentera. Es una isla más independiente, que no necesita del turismo tanto como el resto de las Baleares para sobrevivir.

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